Por qué a los niños no les gusta ahorrar

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yle=”text-align: justify;”>Comprar cosas y gastar el dinero es una  experiencia sin duda  muy divertida. Ahorrar, por otro lado, puede ser tremendamente aburrido. Concluí lo anterior después de platicar con mi hijo mayor sobre el ahorro. Cuando era más pequeño él solía ser muy ahorrador. De un tiempo a la fecha descubrí que no tenía nada ahorrado y que además cualquier dinero que le llegaba ( por domingos o trabajos) se lo gastaba rápidamente. Le dió por empezar a gastar todo lo que le llegaba a las manos y a comprar y comprar. Primero empecé a bromear con él sobre que estaba siendo víctima de los ataques de compras. Después me preocupé un poco y decidí preguntarle sutilmente ( eso digo verdad) que por qué ya no ahorraba. “Es que no me gusta ahorrar”, me dijo. Su respuesta fue tan contundente que me dejó helado. Me quedé mudo. Sin saber qué decirle.

Uno de los primeros impulsos que tuve fue decirle, y tirarle un largo rollo, sobre lo importante que es ahorrar, guardar dinero para el futuro y todas las ventajas que tiene el ahorrar. Después, me enoje un poco y pensé en regañarlo y decirle que no tenía opción que iba a ahorrar porque era obligación no una opción. Me detuve. Lo que hice fue preguntarme ¿Cuánto ahorraba yo a su edad? NADA. La respuesta me dejó más helado y me dió la pauta para empezar a ponerme en sus zapatos. La mayoría de sus amigos tiene cosas y compra cosas que, para los niños son muy divertidas: iPods, teléfonos celulares, vídeo-juegos, tarjetas prepagadas para comprar musica en iTunes y muchas más opciones divertidas.  A mi hijo, por logica, se le antoja tener todo lo que sus amigos tienen.

Reflexioné que mi hijo vive en una época diferente a la mía y que el reto que como niño enfrenta es mayor que el que yo enfrentaba a su edad. Vive en una éra de mayor consumismo que ha existido en la historia del país. De niño, yo tenía mucho menos dinero que él y miles de opciones menores de productos. El universo de cosas que yo deseaba comprar no llegaba a 20. Un balón, un disco, una bicicleta, una camisa, unos tenis que me encantaban y 15 cosas más a lo mucho. Él, sin temor a equivocarme tiene cientos o hasta miles de opciones. La mercadotecnia (que por cierto es mi carrera) dedica miles de horas para crear productos  y servicios que resulten atractivos a los niños. De hecho es el sector o “Target” al que más dedican tiempo. Todo buen mercadologo lo que busca es conquistar al mundo de los niños.

Lo anterior me llevó a entender el gran reto que enfrenta mi hijo el día de hoy. Ser bombardeado por tantas opciones de cosas divertidas que comprar. La buena noticia es que no me hizo encontrar argumentos suficientes para decir “Está bien que no ahorre, es sólo un niño, ya lo hará de grande” la verdad es que me dejó pensando en que enfrenté tengo un gran reto: ayudarle a encontrar el equilibrio entre una y otra cosa. Debo enseñarle a disfrutar sus compras. Comprar cosas no es malo. El detalle es que debo enseñarle a disfrutar del ahorro.

Comprar es malo cuando después de hacerlo sentimos culpa y siempre estamos compre y compre y después de un tiempo terminamos deprimidos y en espera de tener más dinero para comprar. Para enseñarle esto, o ayudarle a descubrirlo, es importante que le pregunte, y esté atento, a sus estados de ánimo cuando compra y a qué pasa después. Deberé ayudarle a estar en contacto con esos sentimientos y a controlarlos. Finalmente descubrí que debo ayudarle a buscar un meta de corto, mediano y largo plazo, que pueda hacer realidad con dinero. Deberé encontrar formas de hacerle divertido y emocionante el camino del ahorro. A pensar un poco en el futuro. Como niño él todavía puede no tener mucha noción de ello.

Debo ayudarle a descubrir que el tiempo puede ser su mejor aliado y que le puede ayudar a que su ahorro crezca y se haga más. Él es muy emprendedor y deberé apoyarlo más para que pueda emprender un negocio con su ahorro. Al final se trata de que me adapte a su tipo de personalidad y no al mio. Mi hijo me enseñó,  con su respuesta que las finanzas personales son eso: personales. También me enseñó que el camino para aprender a ahorrar puede ser largo y que es un hábito que hay que reforzar cada día. El camino es largo y de hecho es un trabajo de toda la vida. Es un reto que acepté con gusto porque sería incongruente si todo el tiempo te estoy dando a tu razones para que ahorres y no pueda transmitirlo a mi hijo.

Espero poder escribir pronto una lista de cinco formas para enseñarles a los niños a ahorrar. También espero poder escribirte algunas razones para hacer que el ahorro sea más divertido para ti. Por lo pronto cuidate mucho y dejame saber qué opinas sobre el tema de enseñarles a los niños la importancia de ahorrar. Es un camino que, para los que tenemos la fortuna de ser sus padres, puede ser largo pero también divertido. Finalmente las enseñanzas del dinero y las emociones es parte de la educación integral que debemos darles. También es una gran oportunidad para aprender de ellos. Yo siempre aprendo mucho de mi hijo. Junto con su hermano es mi gran maestro de la vida.

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